lunes, 17 de septiembre de 2012

No estaré tranquila...

Tengo un dilema. Sí, un dilema más. Mi dilema es mi antiguo compañero de piso. Este último no tenía suficiente mientras vivía en casa provocando diversas disputas entre mi familia y yo, sino que ahora -aún y no estar presente-, continúa haciéndome la vida imposible.
Os cuento: Yo ya lo conocía de antes y le acogí en mi casa, lógicamente con la condición de que aportara algo a la familia. Pero las cosas se complicaron y se produció un exceso de confianza. Debo decir que yo desde un principio dije que no me iba a meter por medio de los términos formales ya que eran con mi madre, y estuviera del lado que estuviese siempre acabaría alguien enfadado. Durante los tres meses que estuvo con nosotros, las cosas iban a peor y parecía que yo estaba ciega porque no me daba cuenta (creo que porque lo veía como un amigo y no compañero formal). Por ese motivo le dejé hacer y no fue hasta que me fui de vacaciones cuando mi madre le puso a raja tabla.
Cuando volví, me encontré con que mi amigo ya no estaba viviendo en casa. Mi madre me contó TODO lo que había pasado durante esos quince días que estuve fuera. En aquel momento quise matarlo pero esperé a escuchar la otra versión de los hechos. Cuando vino a casa a recoger lo que le quedaba, me di cuenta de que ya no lo veía como antes, que ya no tenía ese entusiasmo por mi parte.
Van pasando los días y, debo confesar que tampoco le di la oportunidad de contarme nada, pero me abastezco de lo que me han dicho los amigos que tenemos en común para saber que no quiero saber nada más de él. Esto es duro porque hemos sido mucho en muy poco tiempo. Pero, sabes? Siempre he dicho que la persona que es mucho para ti en poco tiempo, acabará siendo nada en el mismo tiempo. El problema era que estaba ciega, por esa razón no creía ni en mi. Pasamos a ser una persona, vista desde dentro y para los amigos.
Ahora se ha ido y sigue dando por saco. Parece que este rollo nunca se acabe. Tengo ganas de volver a llevarme bien con mi madre y dejar las discusiones que tenemos últimamente. Adivina de que son la mayoría? Sobre él.
Poco a poco me doy cuenta de que no podría haber acabado mejor, que esta era la mejor manera en la que podía acabar porque, al fin y al cabo, nada puede acabar bien dentro de esa situación. Si lo echaré de menos? Ahora por ahora no, es más, pienso que si se va del todo me irá mejor.
A todo esto, pienso en él y me invade la rabia por la falsedad que le envuelve; pero también la tristeza porque recuerdo todo lo vivido. Hoy me he encontrado una foto suya en mi ordenador entre mis cosas. Parece que lo haga a propósito, verdad?

No estaré tranquila hasta que se vaya.