Cuando parece que en tu vida entra una persona que puede aportarte felicidad, resulta que el problema no es ese, sino que res tú. Me quejaba de no poder tener a nadie que me dijera "Te quiero", en los momentos más difíciles; envidiaba a aquellos que lo tenían.. y cuando lo tengo resulta que no funciona.
Analizando, analizando.. me he dado cuenta que: O bien no estoy preparada para ello, o bien el problema es él. Aunque la última opción no creo que sea posible. Creo que estaba tan ilusionada con el hecho de poder tenerlo por fin, que incluso pensaba que me lo merecía. Pero realmente, lo sigo pensado. Sigo pensando que me merezco a alguien pero que no era él. No es por hacerme la víctima, pero me busco los más raros, los más infantiles, en este caso. Demasiado inmaduro para mi, y yo demasiado inmadura para aceptar sus errores. No lo sé. Llevo rompiéndome la cabeza todo el fin de semana para poder encontrar una solución: quizás hablar con él sobre lo que me pasa, o dejarlo completamente. Hasta el punto de haberla tomado, dejarlo. No creo que sea conveniente decirle a una persona que quieres dejarla, ni mucho menos engañarla. Porque lo peor no es engañarla con otra persona, sino engañarla contigo, con la persona que está y contra lo que quiere.
Es edad de probar cosas nuevas. Lo bueno? Me llevo otra lección de la vida y nuevas experiencias que aprender. Cuáles? No salir con gente sin pensarlo antes, y mucho menos tan deprisa como yo he hecho. Más vale ir poco a poco, sin problemas ni preocupaciones. Para que? Para asegurar-se de que puede llegar a algo más que unas simples semanas de relación- de las cuales la última no cuenta porque me empezaron a asaltar las dudas-.
Lo dicho, una vez más, el problema he acabado siéndolo yo, nadie más.